Clérigos enemigos de la Iglesia Católica y el Concilio Ecuménico
Vaticano II
Satanás reinó en el Concilio Vaticano II con las infiltraciones de cardenales Illuminati, masones y procomunistas
La Vidente de Fátima Lucía dos Santos y sus primos
La Vidente de Fátima Lucía dos Santos y sus primos
Los cardenales masones y los del
Priorato de Sión infiltraron la Iglesia Católica, tal como lo advirtió la Virgen
de Fátima en el Tercer Secreto que dio a Sor Lucía dos Santos [“Satanás se infiltrará en el seno de la
Iglesia; llegará hasta los Más Altos Reinos de la Jerarquía en el Vaticano; y
hasta la Silla de Pedro”]. Los cardenales que componían la jerarquía
masónica y comunista se habían apoderado de importantes posiciones de la Cúpula
Vaticana desde antes del Papa Juan XXIII –cardenal Ángelo Giuseppe Roncalli-.
El cardenal Roncalli había manifestado
su deseo de que la Iglesia fuese renovada con nuevos vientos, provenientes del
Espíritu Santo, él quería que la Iglesia se abriera más a las necesidades de
evangelizar al Mundo atendiendo la problemática por la que estaba pasando la
humanidad. A esta perspectiva de evangelización Roncalli la denominaba el “aggiornamento” de la Iglesia.
Sin embargo los astutos cardenales de
la infiltración, tenían contemplado un plan muy diferente y perverso, se trataba
de un Plan para la Demolición de la Iglesia, dentro de cuyas acciones
contemplaban el impulso de la “corriente modernista”, que tantos males trajo a
la Iglesia, pero que a ellos les permitiría atacar sistemáticamente las
grandezas y los tesoros espirituales de la Tradición de la Iglesia de Cristo.
Engañado Juan XXIII, le hicieron creer
que el “aggiornamento” que él
concebía para la Iglesia era lo mismo que pretendían los cardenales de la
infiltración; para esto, le propusieron convocar un nuevo Concilio: el Concilio
Ecuménico Vaticano II donde reinó Satanás.
Papa Paulo VI
Juan XXIII inició el concilio, pero
murió; y tocó al Papa Paulo VI continuarlo. El Papa Paulo VI se dio cuenta que
estaba rodeado de lobos, de cardenales que hacían lo contrario que él les
ordenaba y que se desempeñaban con intereses ocultos. Los humos del infierno ya
estaban esparciéndose fuertemente por toda la Iglesia en el Mundo, permiten
constatarlo sus siguientes y urgentes declaraciones, que al parecer, ni los
fieles ni los clérigos de todo el orbe entendieron porque no respondieron pronto
al desesperado llamado de auxilio que el pontífice estaba haciendo. Paulo VI
hizo en este sentido varias
declaraciones:
“La Iglesia se encuentra en una hora
inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de auto-demolición. Es como una
inversión aguda y compleja que nadie se habría esperado después del Concilio. La
Iglesia está prácticamente golpeándose a sí misma’ (Disc. al Seminario Lombardo,
Roma 7-XII-1968).
Parece que ‘por alguna rendija se ha introducido el humo de Satanás en el templo de
Dios’. Se ven en el mundo signos oscuros, pero ‘también en la Iglesia reina
este estado de incertidumbre. Se creyó que después del Concilio vendría una
jornada de sol para la historia de la Iglesia. Ha llegado, sin embargo, una
jornada de nubes, de tempestad, de oscuridad’
(30-IV-1972).
Es lamentable ‘la división, la disgregación que, por desgracia, se encuentra ahora en no pocos sectores de la Iglesia’. Por eso «la recomposición de la unidad, espiritual y real, en el interior mismo de la Iglesia, es uno de los más graves y de los más urgentes problemas de la Iglesia’ (30-VIII-1973). ‘La apertura al mundo fue una verdadera invasión del pensamiento mundano en la Iglesia». Así ésta ahora se debilita y pierde fuerza y fisonomía propias: ‘tal vez hemos sido demasiado débiles e imprudentes’ (23-XI-1973)”
Es lamentable ‘la división, la disgregación que, por desgracia, se encuentra ahora en no pocos sectores de la Iglesia’. Por eso «la recomposición de la unidad, espiritual y real, en el interior mismo de la Iglesia, es uno de los más graves y de los más urgentes problemas de la Iglesia’ (30-VIII-1973). ‘La apertura al mundo fue una verdadera invasión del pensamiento mundano en la Iglesia». Así ésta ahora se debilita y pierde fuerza y fisonomía propias: ‘tal vez hemos sido demasiado débiles e imprudentes’ (23-XI-1973)”
Y tal forma de actuar, como hemos dicho
arriba, hizo sufrir a Pablo VI. De tal forma fue así que “en la segunda parte de su
pontificado, hubo de sufrir un verdadero calvario. La multiplicación escandalosa
de las secularizaciones sacerdotales, miles y miles, y la igualmente escandalosa
disidencia doctrinal y disciplinar amargaron sus últimos años. Muy especialmente
dolorosa fue para él la resistencia, ya descrita, a la gran encíclica Humanæ
vitæ”
Fue entonces que la jerarquía masónica,
representada en el libro del Apocalipsis como “el Cordero que habla como la bestia y está
al servicio de la primera bestia” (Ap.13, 11-12); decidieron poner en marcha
otra de sus sucias acciones, imponer un doble a Paulo VI, mantenerlo secuestrado
y drogado en el mismo Vaticano, para que el doble, que era un sacerdote que
practicaba el arte dramático, fuese sometido a cirugías plásticas para conseguir
que su rostro se pareciese lo más posible a Pauvlo VI, y que éste hiciera y
dijese lo que los cardenales al servicio de la infiltración –Jean Marie Villot,
Giovanni Benelli y Agostino Casaroli- le ordenasen. Para controlar que no
incurriera en errores o se saliera de las instrucciones de estos cardenales
sectarios, nunca lo dejaban solo, alguno de ellos siempre lo acompañaba e
intervenía. Estas fueron acciones asegurando su marcha hacia la consolidación
del Plan de Demolición de la Iglesia, apoderándose de la Silla de Pedro, aunque
en esa ocasión no de manera
total.


Cardenal Agostino Casaroli, el tercer cardenal que participaba con los del Complot contra la Iglesia y más tarde fue Secretario de Estado con Juan Pablo II, fue el organizador del atentado contra Juan Pablo II, denunciado por el mismo Ali Agka, contratado por los Illuminati infiltrados en la KGB del servicio secreto ruso, con la finalidad de asesinar al Pontífice.
Las declaraciones del Papa Paulo VI que
hemos citado, dejan en claro la falsedad y la contradicción de las presunciones
que ha hecho Benedicto XVI y su grupo de cardenales oscuros, en el sentido de
que el Concilio Vaticano II haya hecho aportes valiosos a la Iglesia Católica;
por el contrario, es el Concilio por el que lograron asestar duros golpes contra
las grandezas, la Tradición y los tesoros espirituales de la Iglesia de Cristo.
El Priorato de Sión al que pertenece
Benedicto XVI está integrado por judíos enemigos a ultranza de Jesús, como lo
fueron Anás y Caifás. El Priorato y los rabinos ancestros de Joseph Karl
Ratzinger Peintner Tauber, han tenido como meta el apoderarse de la posición más
alta de la Iglesia Católica para destruirla. (Cf. http://vatileaksnews.blogspot.mx
)
En el Concilio Vaticano II los
cardenales y obispos de la infiltración realizaron diversas acciones en
diferentes mesas de trabajo, entre las más importantes para ellos estaba
modificar la realización del Eterno Sacrificio, de su Liturgia, de sus
oraciones, de su lenguaje, el latín. Buscaban ‘empobrecerla’ con una reforma,
que debía haber buscado ‘engrandecerla’ como debe suceder con toda reforma
litúrgica, pero la consigna era a la inversa. El cardenal Ratzinger y el
cardenal Joseph Frings fueron las cabezas visibles que en el Concilio
infiltraron y promovieron la corriente
modernista a la que él ha pertenecido.
Ratzinger logró colarse hasta la
Congregación de la Doctrina de la Fe, habiendo hecho creer a los cardenales
tradicionalistas, que se había convertido y había abandonado al grupo de los
modernistas. Dejó de escribir en la Revista Progressio, de corte modernista;
y pasó a escribir en la Revista
Communio, de corte conservador o tradicionalista. Ratzinger no se había
convertido, sus compromisos y raíces con los cardenales de la infiltración,
propulsores del modernismo que han seguido la consigna de demoler a la Iglesia
desde su interior siguen vigentes, no se convirtió, se mimetizó, es hábil en el
camuflaje ideológico y
teológico.
Hay que tener en cuenta el perfil o
personalidad de Ratzinger, que siempre fue esquiva, débil, cobarde, como se sabe
desde que era profesor. El profesor Ratzinger eludía toda confrontación
ideológica y teológica con sus alumnos, prefería huir, abandonar el
aula.
Ya que abdica al pontificado, deja su
consigna a otros, ahora pretende que los cardenales trabajen para que se
consoliden los demás propósitos oscuros del Concilio Vaticano II. Benedicto XVI
quiere que su sucesor continúe dando duros golpes a la Iglesia Católica, quiere
que trabajen para lograr, junto con los cardenales y obispos de la infiltración,
la consolidación de los propósitos del Concilio Vaticano II donde reinó Satanás
como lo ha advertido la Virgen, la Reina y Madre de la Iglesia. Ellos tienen y
siguen con la consigna advertida en la Biblia por el profeta Daniel para que sea
suprimido el Eterno Sacrificio o Santa Misa. Ellos tratarán de cambiar las
Fiestas y las Leyes, traicionarán y entregarán a los Santos; impondrán al ídolo
de la Abominación o Budda Maitreya y le cederán la Silla de Pedro al Devastador
o Anticristo para que establezca una nueva iglesia, oficial y sin Dios; y le
ayudarán a respaldar un gobierno mundial que él liderará (Novus Ordo Seclorum ó
Nuevo Orden Mundial promovido por los Illuminati que custodian al Anticristo Maitreya en su cuartel general en Londres. (Dn. 7, 25; 8, 10-17; 23-25; 11, 31-32; 12,
7-13)
¿Qué no es claro lo que advirtió la
Virgen en Fátima al Mundo en el verdadero Tercer Secreto de Fátima? Secreto que
desvirtuaron el cardenal Ratzinger y Tarcisio Bertone desde la Congregación de
la Doctrina de la Fe, ellos ordenaron enclaustrar a Sor Lucía dos Santos para
que ya no hablase, y a quien luego suplantaron también con una doble Sor
Lucía.
Los escándalos de la máxima jerarquía
en el Vaticano, no solo se abrieron con el Vatileaks, también forman parte de
esta grave situación oscura de la cúpula vaticana las Cartas sustraídas por el
Mayordomo Gabriel, así como las denuncias de Sacerdotes que trabajaron en las
oficinas que el Vaticano tenía establecidas para ocultar los escándalos de
pederastia internacional, crímenes gravísimos protegidos con el documento
secreto del Decreto de Delito de Sollicitationis, que firmó y
dispuso el propio Ratzinger como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de
la Fe, así como las diversas herejías que ha dicho y escrito en varios de sus
libros.
Lo que ha advertido y denunciado el
Papa Paulo VI contradice, desmiente y descalifica lo que Benedicto XVI ahora
quiere presentar al Mundo como positivo, como sano y como bueno para la Iglesia,
cuando que el Concilio Ecuménico Vaticano II trajo tantos males al interior y al
exterior de la Iglesia Católica. Los fieles y los clérigos de la Iglesia
Católica ya deben abrir los ojos y despejar su mente, deben investigar y
documentarse, pues el hombre es destruido o manipulado por falta de
conocimiento.
Vamos a presentarle ahora, algunas de
las acciones del Plan de Demolición de la Iglesia que hicieron los enemigos de
esta institución en el Concilio Vaticano II.